Visita al museo Thyssen (2ª parte)

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Visita al  museo Thyssen (2ª parte)

El viernes pasado, 12 de enero, fuimos a la visita de la exposición “Lección de arte” en el museo Thyssen-Bornemisza. En esta ocasión fuimos los grupos de Infantil y EBO A y tres alumnos del grupo de Transición a la Vida Adulta (TVA).

Con Lección de Arteel museo Thyssen-Bornemisza cierra el programa de exposiciones y actividades del 25 aniversario invitando a todos sus públicos a reflexionar sobre el papel de la educación en nuestra sociedad a partir de la experiencia artística.

Esta exposición hace partícipes a sus visitantes y nos hace pensar en el proceso creativo y la perspectiva desde la que lo vemos. No es una exposición al uso porque las obras no son lo único importante sino cómo participamos en ella los que la visitamos. La conclusión es que los museos pueden ser una buena escuela, tanto para mayores y niños, pero para ello hay que saber enseñarlos y disfrutarlos.

El planteamiento de nuestra visita fue vivir la exposición como una experiencia sensorial, hablar de lo nos desagrada y de lo que nos gusta, como experiencias negativas y positivas.

Con esta idea, visitamos dos salas. En la primera nos encontramos en la pantalla proyectada, una niña de 13 o 14 años vestida de uniforme y sentada en el suelo delineando unos trazos que no vemos para copiar algo que también queda fuera de nuestro campo de visión. Lo que sí percibimos, con toda claridad y a buen volumen, es el sonido áspero y desagradable de su lápiz al marcar el papel: un ruido molesto y tanto o más elocuente que la expresión de la pobre cría. Es Ruth dibujando a Picasso, de la holandesa Rineke Dijkstra: una obra que cuestiona uno de los métodos más clásicos y aburridos de aprendizaje del arte –el copiado sin más– e invita a la reflexión sobre cómo se puede llegar a limitar la enseñanza del arte.

Igual que Rineke Dijkstra pensamos en “enseñar” arte a través de experiencias de desagrado con cosas que no les gustan a los niños que venían a la visita: un estropajo muy áspero, una plastilina viscosa, botes con olores desagradables… Al mismo tiempo que veíamos y escuchábamos a Ruth copiando un cuadro con una postura incómoda nosotros experimentamos algo similar a lo que estaba sintiendo ella.

Pasamos a otra sala y allí intentamos que los niños experimentasen experiencias agradables a través de la obra Aligned (Alineado), en la que el espectador tiene que interactuar con el espacio. Se trata de atravesar la instalación que combina audiovisual con textil y puffs donde el espectador se puede sentar para disfrutar de otra forma la obra. Es una propuesta de inmersión en una realidad fragmentada: una geometría de bandas suspendidas donde es el visitante quien decide cómo y desde qué lugar vivenciar el espacio generado; una obra que invita tanto a la interacción y el juego como a la contemplación y la pausa.

El colectivo E-ZETA crea un espacio experiencial en donde lo plástico, lo arquitectónico y lo audiovisual se unifican en una instalación concebida como un lugar onírico en el que el espectador queda aislado del exterior.

En este espacio, además de pasear por él a su gusto, contemplar y sentir, los niños tocaron, olieron y vieron objetos agradables como el tacto de unas plumas, olieron un membrillo o jugaron con una bola de navidad.

¿Qué aprendimos? Que el arte se puede aprender y experimentar de una manera más relajada a través de experiencias agradables y que nosotros mismos somos partes del museo.

Nos “apropiamos” de una frase de Luis Camnitzer que han citado en la página web del museo Thyssen en la información sobre la exposición “Lección de arte”:

El museo es una escuela: el artista aprende a comunicarse, el público aprende a hacer conexiones.

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